Loïc Le RibaultSitio oficial · 1947–2007

Historia

«Dicho de otro modo: al revolucionar el sistema iba a trastornar prácticamente toda la institución judicial. Y a incomodar a todo el mundo.»

La D.S.T. y el C.A.R.M.E.

La D.S.T., satisfecha con los resultados obtenidos por el doctor Le Ribault en varios asuntos, empieza a difundir en el medio judicial información sobre las capacidades del C.A.R.M.E. Por el boca a boca, las primeras misiones le llegan de magistrados enfrentados a casos imposibles de resolver con los métodos tradicionales.

Desde 1983 queda demostrado que el C.A.R.M.E. puede ser útil no solo a industriales en apuros, sino también a magistrados y a investigadores de la policía y la gendarmería.

Porque ¿qué se encuentra en una escena del crimen? De todo. Un cúmulo de pruebas materiales salidas de vidas rotas por un suceso violento e inesperado. El lugar del crimen encierra siempre huellas que hay que descubrir y explotar. El trabajo del investigador se parece al del geólogo: a partir de los elementos hallados debe tratar de determinar las condiciones que reinaban en un entorno dado en un momento dado del pasado.

En el C.A.R.M.E., el doctor Le Ribault dispone ya de un equipo pluridisciplinar de especialistas en geología, sedimentología, metalurgia, biología, química, obras de arte y electrónica. Consciente de ese potencial, el 10 de noviembre de 1983 escribe al profesor Ceccaldi, director del laboratorio de la prefectura de policía de París, para proponerle una colaboración. Este le responde amablemente que ningún laboratorio de policía de Francia dispone de microscopio electrónico de barrido ni de microsonda, y que sería deseable una colaboración técnica para estudiar problemas concretos.

Animado por esa respuesta, el 13 de enero de 1984 escribe a Gaston Defferre, entonces ministro del Interior, para ofrecerle análisis de polvos, suelos, huesos, balas, metales, microorganismos, etc., y para pedirle una cita en la que presentar en detalle su programa de renovación de la policía técnica y científica francesa.

Pasan seis meses sin respuesta.

Solo tras la intervención del diputado Kléber Haye es recibido, no por el ministro, sino por Georges Simonin, jefe del servicio central de identidad judicial, quien le hace saber que no tiene poder de decisión ni medios de acción, que está al corriente de «grandes cosas» que se preparan y que lo único que puede hacer es informar a los laboratorios de policía de la existencia de Le Ribault y de su laboratorio. Se muestra, eso sí, muy interesado por toda la documentación que Le Ribault pueda facilitarle sobre sus actividades e investigaciones en curso.

Seis días después, Simonin recibe cinco ejemplares de un grueso expediente en el que Le Ribault expone todas las aplicaciones del microanálisis a la criminalística. No recibe acuse de recibo. Sin desanimarse, en febrero de 1985 escribe al director central de la policía judicial ofreciéndose a alojar gratuitamente a técnicos de policía y formarlos en el C.A.R.M.E.

La generosa oferta no convence. Sin embargo, dos meses después, Joxe, sucesor de Defferre en Interior, califica bruscamente de «deprimente» el estado de la policía técnica y científica y lanza su ruidoso «proyecto de renovación de la policía científica», que retoma simplemente las grandes líneas del expediente de Le Ribault. Para realizar el programa que Le Ribault ofrecía gratis, Joxe consigue que se desbloqueen 170 millones de francos (26 millones de euros).

El F.B.I. y el C.A.R.M.E.

Mientras la policía francesa ignora las ofertas del doctor Le Ribault, el FBI, la policía federal estadounidense, se interesa de cerca por sus trabajos, en particular por la exoscopia.

Las pretensiones del doctor parecen, sin embargo, irreales: leer la memoria de los granos de arena no se ha hecho nunca, ni siquiera en Estados Unidos. La única prueba de la fiabilidad del método consistiría en estudiar muestras de arena desconocidas, determinar su origen geográfico y descubrir, en el lugar indicado, pruebas materiales que confirmen las conclusiones. Por eso el FBI pide a Le Ribault que ponga su exoscopia a prueba.

Días después del primer contacto, el doctor recibe tres muestras de arena con este mensaje: «Estas arenas se han recogido en tres lugares distintos del planeta. ¿Cuál es su historia y de dónde proceden?»

Estas fueron las respuestas de Loïc Le Ribault, con el origen real de cada muestra:

Muestra 1

Respuesta: mezcla de arenas costeras procedentes de la costa este de Estados Unidos.
Origen real: mezcla intencionada de arenas recogidas a lo largo de 300 kilómetros de la costa este de Estados Unidos.

Muestra 2

Respuesta: muestra volcánica que evoluciona bajo un clima templado, muy probablemente procedente del volcán Santa Helena y recogida sobre una superficie plana.
Origen real: muestra del monte Santa Helena (clima templado) recogida justo después de una erupción sobre el capó de un coche.

Muestra 3

Respuesta: muestra procedente de una ciudad de Oriente Medio, rodeada de rocas calcáreas y sometida a influencias marinas; ha sufrido un fenómeno mecánico brutal de tipo explosivo y de origen no natural.
Origen real: cuarzos recogidos en los restos del camión bomba que hizo estallar la embajada estadounidense de Beirut.

Los especialistas del FBI, estupefactos, confían al doctor Le Ribault una misión: localizar el lugar donde fue enterrado inicialmente el cadáver de un agente de la DEA, la agencia federal antidroga, que manifiestamente había sido exhumado y transportado hasta el lugar donde finalmente apareció.

El análisis exoscópico de los cuarzos recogidos sobre el cadáver en descomposición señaló en un mapa de México el lugar de la primera inhumación, a 150 kilómetros de donde se descubrió el cuerpo. La fiabilidad del resultado quedó probada por las pruebas materiales (fragmentos de ropa) halladas en una excavación cerca del punto indicado por Le Ribault.

En Francia, numerosas pruebas oficiales de la fiabilidad de la exoscopia se aportarían después en el marco de distintos asuntos criminales.

Loïc Le Ribault y la gendarmería

En 1985 la gendarmería atraviesa graves dificultades: todavía sufre las secuelas del caso Grégory y, a ojos de la población, el gendarme sigue siendo el simple ayudante de los policías, sin que la ineficacia de su servicio de relaciones públicas haga nada por corregir esa imagen desastrosa.

Un buen día de ese año, el doctor Le Ribault ve llegar al C.A.R.M.E., con sorpresa, a un oficial de gendarmería: el capitán Laval, responsable de la sección de investigación de Burdeos.

Descubre entonces algo que, como la mayoría de los franceses, ignoraba: la gendarmería desempeña en realidad el mismo papel que la policía en las investigaciones criminales, y dispone para ello de unidades especializadas: las secciones de investigación, las brigadas de investigación e incluso, en las localidades pequeñas, los equipos de investigación.

Las dos diferencias principales entre policía y gendarmería:

  • La policía depende del Ministerio del Interior y la gendarmería del Ministerio de las Fuerzas Armadas.
  • El sector de la policía se limita a las ciudades de más de 10.000 habitantes; el de la gendarmería abarca todas las localidades menores.

En la práctica, esa separación es muy teórica: en una investigación, los magistrados son quienes dirigen y pueden confiar el caso a la policía o a la gendarmería según su criterio.

El doctor Le Ribault descubre también que la gendarmería arrastra una grave desventaja: no dispone de laboratorio propio y debe confiar el análisis de los indicios materiales que recoge a los laboratorios de policía, que naturalmente no muestran prisa alguna por trabajar para sus competidores directos.

En esas condiciones, un laboratorio privado, independiente y de vanguardia es evidentemente bienvenido para la gendarmería.

Laval y Le Ribault pasan una tarde entera juntos. El oficial, entusiasmado, augura un gran futuro al C.A.R.M.E. y le ofrece su colaboración para el suministro de documentos y muestras de referencia: municiones, residuos de disparo, tomas realizadas en autopsias, fichas dactiloscópicas, etc. Le Ribault acepta con entusiasmo.

Días después, el capitán vuelve acompañado de varios jueces de instrucción en prácticas en su servicio. Dos de ellos tienen entre manos asuntos delicados que los métodos tradicionales de policía técnica no permiten resolver por falta de precisión. Encargan los peritajes al doctor y, dos semanas más tarde, los resultados del C.A.R.M.E. les permiten resolver esos expedientes espinosos, por no decir insolubles, y evitar sobre todo dos errores judiciales casi inevitables.

En el pequeño mundo judicial, esas hazañas hacen bola de nieve. Pronto no pasa un día sin que un magistrado llame a Le Ribault para pedirle ayuda.

Para la D.G.G.N., la Dirección General de la Gendarmería Nacional, que gracias al capitán Laval ha descubierto el C.A.R.M.E., este representa una oportunidad fantástica para recuperar su prestigio. De la noche a la mañana, la D.G.G.N. transmite el mensaje a todas sus unidades de investigación y, en los casos difíciles, aprovecha cualquier ocasión para informar a los jueces de que la gendarmería trabaja ya en estrecha colaboración con un laboratorio de alta tecnología capaz de resolver científicamente los problemas más espinosos.

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